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Full text of "Melancolía, en tren - el alma encendida la voz velada - tercetos melancólicos - hoy tenebrae, 1910-1911"

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MELANCOLÍA 



OBRAS DEL POETA 



VERSO 



PENUMBRA 1901 

RIMAS DE SOMBRA.— Agotada 1901-1902 

ARIAS TRISTES. — Agotada 1902-1903 

JARDINES LEJANOS.— Agotada 1903-1904 

PASTORALES 1903-1905 

OLVIDANZAS 1906-1907 

ELEGIAS 1907-1908 

LA SOLEDAD SONORA 1908 

POEMAS MAGICOS Y DOLIENTES 1908 

ARTE MENOR 1909 

LABERINTO 1910-1911 

POEMAS AGRESTES 1910-1911 

MELAN COLI A 1 9 1 o- 1 9 1 1 

POEMAS IMPERSONALES 1911 

LIBROS DE AMOR 1911-1912 

EL DOLOR SOLITARIO 1911-1912 

DOMINGOS 1911-1912 

EL SILENCIO DE ORO 1911-1912 

LA FRENTE PENSATIVA 1911-1912 

BONANZA 1912 

PROSA 

PALABRAS ROMANTICAS. 1906 

COMENTARIO SENTIMENTAL 1903-1908 

IDEAS LIRICAS 1907-1908 

PAISAJES LIRICOS 1907-1908 

RECUERDOS 191 1 

INSOMNIO 1912 

PENSAMIENTOS igij 

VERSO Y PROSA 

BALADAS DE PRIMAVERA 1907 

^- BALADAS PARA DESPUES igoS 

DIALOGOS 1910-1911 

ESTO. . 1908-1911 



JUAN R, JIMENEZ 
iii 



MELANCOLIA 

EN TREN-EL ALMA ENCENDIDA— LA VOZ VELADA 
TERCETOS MELANCÓLICOS - HOY 
TENEBRJE 

— 1910- 191I — 



MADRID 
1912 




ES PROPIEDAD 

Queda hecho el depósito que marca la l«y. 



MADRID.— Tip. d€ la "Revista de Archivos", Olózaga, i. 



RUBÉN DARÍO 

MELANCÓLICO CAPITÁN DE LA GLORIA 



DEDICATORIA 

Á LA MELANCOLÍA 



... Au coucher du soleil, si ton ame attendrie 
^mbe en une muette et molle reverte... 

André Chénier. 

Tú que en el ¡parque mustio, frente á los soles rojos 
que empurpuran de luz tu altivo desconsuelo, 
hastiada y delirante, pierdes tus grandes ojos 
tras las bandadas que se alejan por el cielo... 

O que, pálida y dulce, con un libro en la mano, 
caminas lentamente por la seca avenida, 
y buscas en la rosa postrera del verano 
el sentido profundo y gterno de la vida... 

Divina mujer triste! Al lado de la fuente, 
soñando con tus brazos, mi corazón te espera... 
no seas la ilusión que vuela de la frente, 
sino la realidad constante y verdadera ! 



EN TREN 



A 

MANUEL MACHADO 

DE LA RAZA MORA, VIEJA AMIGA DEL SOL 



...au rhytme du wagón brutal, suavementf 

Paul Verlaike. 



2 



I 



El tren arranca, lentamente... El pueblo viejo 
tiene en sus grandes casas, sucias y silenciosas, 
una opaca, doliente y suave claridad, 
perdido entre las gasas azules de la aurora... 

Se ven calles sin nadie, con las puertas cerradas.; 
un reloj da una hora desierta y melancólica, 
y, en una pared última, cerca del llano verde, 
vacila, polvorienta, una triste farola... 



20 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Llovizna... Algunas gotas mueren en el cristal... 
Los molinos de viento son vagamente rosas... 
Huye más el paisaje... y la ciudíad se pierde 
allá en el campo inmenso, que un sol dificil dora... 

...Desde el lecho, abrazados, sin nostalgia y sin frío, 
fundiendo en una sola las ascuas de sus bocas, 
dos amantes habrán oído, como en sueños, 
este tren lento, lleno de cansancio y de sombra... 



MELANCOLÍA 



21 



II 

Anochecer en los Pirineos. 

La tormenta está encima. Qué tarde ! Se ha perdido 
la noción de las cosas... Un relámpago... un trueno... 
las montañas retumban ; y las blancas farolas 
mojan, bajo la lluvia, su tedio amarillento... 

Otra estación ! El cielo va á deshacerse en agua, 
y desde el diván gris, tras los cristales ciegos, 
se ven praderas vagas y pueblos diminutos 
que tienen una torre y un verde cementerio... 



22 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Laruns ! Al fin ! Las puertas con cruces de cal, muestran 
húmedos interiores en sombra y en silencio, 
,y, en el lando forrado de viejo raso malva, 
el corazón, que salta, va pr^eparando un beso... 



MELANCOLÍA 23 



III 



Brumoso^ en elegante languidez, se copiaba 
el cielo violeta en la roja caoba; 
dentro, lo gris tenía carne y seda encendidas ; 
en la tarde venían fragancias de mimosas... 

Un afán imposible de lujos sensuales 
llevaba, entre visiones, al alma melancólica, 
...afán de llegar pronto... ó de no llegar nunca... 
á no sé dónde... para qué!... á no sé qué hora... 



24 



JUAN R. JIMÉNEZ 



La felicidad iba — mas sin decirme nada — 
al lado mió... Era de no sé quién... La sombra 
del crepúsculo suave le florecía el sueño, 
y me miraba, largamente, entre sus rosas... 



MELANCOLÍA 23 



IV 



Nkgkos paisajes fríos, en la noche de invierno, 
desde la soñolencia del tren... Ríos con luna 
poniente, viejos puentes de piedra, que ilusionan 
largas caballerías que agiganta la bruma... 

Flores heladas de los vallados vecinos, 
que, en la luz fugitiva, un instante se alumbran... 
luceros tristes, que se quedan, lagrimeando, 
sobre el blando misterio de las colinas húmedas... 



26 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Aldeas en reposo, donde los corazones 
latirán bien! Amores entrevistos! Profusas 
apariciones de felicidad, que vamos 
cruzando siempre, sin aprisionarlas nunca! 



MELANCOLÍA ¿7 



V 



Oh qué frescor, qué música de chopos de estación ! 
...El tren pára... Azoteas, campanas melancólicas, 
miradores con sol... el ocaso vibrante... 
un olivar de plata... adelfas blancas, rosas... 

En el cristal umbrío, bajo la fronda blanda, 
el paisaje estival, vagamente, se copia... 
la arena está regada... huele á aguardiente... suenan 
cristales... el sol dulce dora un balcón de rosas... 



28 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Mujeres de otras partes — ¡ sensualidad de agosto ! — 
ofrecen, con tristeza, á la ilusión reidora 
la melodía negra de sus ojos divinos, 
el carmesí fragante de sus frutales bocas... 

Un coche azul y verde se va por un sendero 
á un son de cascabeles... — La tarde está ya roja... — 
Una campana seca... Una corneta... El tren 
parte... Unos ojos grandes se vienen en la sombra... 



MELANCOLÍA 29 



VI 



Los muros de la vieja ciudad tienen un vago 
tinte de aurora fría... Los campos, aún perdidos, 
por las orillas negras arrollan sus verdores... 
Las farolas se ahogan en el cristal del río... 

Arboles amarillos de luna moribunda 
mecen sobre los coches su romanza y su idilio ; 
...árboles que otro tiempo fueron frondas de amor 
de los que están en ese cementerio tranquilo... 



3o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Qué carne blanca de mujer, entre la piedra, 
tendrá este paisaje en sus ojos dormiidos ! 
quién será el que le coja de la boca los besos 
ungidos de la historia y el sueño de los siglos ! 



MELANCOLÍA 



3i 



VII 



Apeadero en los bosques. 



Cuando el tr-en para, en el jadeante silencio 
se oye al viento, que ruge, largo y desmelenado... 
Una hoguera... una queja de niño... Y el paisaje 
se queda atrás, cortado sobre el ocaso trágico... 



Dentro, la luz adorna de galas de colores 
la estancia volandera, como un nido de encanto, 
y en los ojos de todos van estampas cambiantes, 
con destellos sangrientos, cenicientos, dorados... 



32 



JUAN R. JIMÉNEZ 



La noche viene entrando, confusa y trastornada... 
Por el peligro inmenso, ardientemente, vamos 
iluminando dentro de nuestros corazones 
horas de paz, de aurora, de amor y de entusiasmo... 



MELANCOLÍA 



33 



VIII 



M lENTRAS ella, divina de rubor, entre el leve 
espumear fragante de sus batistas blancas, 
me dejaba morderle los labios y los pechos, 
el colorismo de oro de los pueblos pasaba... 

Torres con azulejos sobre cielos de esmalte, 
riachuelos tranquilos con orillas de llamas, 
y calles que se abrían hacia el tren, desde donde 
mujeres, con un cántaro, riendo, saludaban... 

3 



34 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Venían á nosotros los sones melancólicos 
de las vísperas dulces de no sé qué campanas... 
anhelos pasajeros de pasiones ignotas 
se quedaban atrás, en villas momentáneas... 

Luego, la suave brisa de la tarde de agosto 
refrescó alegremente sus mejillas besadas, 
y, mientras me miraba, cogiéndose el cabello, 
en sus ojos floridos las praderas pasaban... 



MELANCOLÍA 



35 



IX 

Landos francesas. 

En un poniente suntuoso el trueno zumba 
sobre el verdor crepuscular del campo inmenso... 
los árboles se doblan, y un rojo de agonía 
arde, dolientemente, entre los bosques negros. 

Paisaje que ya nunca se tornará á pasar, 
romántico, dramático, de dolor y de invierno... 
...vuelven los cuentos viejos de los niños perdidos... 
las retiradas grises de los rotos ejércitos... 



36 



JUAN R. JIMÉNEZ 



El tren va chorreando... tiene el silbato asma... 
á través de los vidrios anegados, el sueño 
ve, entre el viento y el agua, un último cristal 
cárdeno, anubarrado, en el ocaso muerto... 



MELANCOLÍA 



37 



X 



Para el tren. Fresco. Bajo las acacias sombrías 
de la estación, los pájaros cantan entre las flores; 
hay un rumor de agua corriente, el azul áureo 
abre fiestas nostálgicas en los verdes balcones. 

Nimbos de ensueño vago, transparente y difícil, 
complican las chillonas botellas de licores 
en las que un fino rayo de sol de última hora 
enciende policromas y lentas confusiones... 



38 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Una alegría absurda va y viene por doquiera... 
...Y al otro lado, una tristeza de colores 
se tiende, con el oro del sol, sobre los campos 
amarillos, que ondea un levante salobre... 



MELANCOLÍA 



39 



XI 

El techo del vagón tiene un albor — de dónde? — 
y los turbios cristales, desvanecidos, lloran... 
fuera, entre claridades que van y vienen, hay 
una conjuración de montaña y de sombra. 

Los pueblos son de niebla bajo la madrugada, 
€S como un sueño vago de praderas humosas, 
y las rocas enormes están sobre nosotros 
inminentes, perdidas las cimas en la hora... 



40 



JUAN R. JIMÉNEZ 



El tren pasa... Tras unos cristales alumbrados, 
á través de la lluvia cansada y melancólica, 
una mujer confusa, bella, medio desnuda, 
nos dice adiós... 

— Adiós ! 

El agua habla, monótona... 



MELANCOLÍA 



41 



XII 

Castilla. 

El crepúsculo. Agosto. Sobre los campos gualdos 
vuela una brisa suave, que da ensueños de río... 
en el collado yermo, un castillo en ruinas 
corta sus torres contra el poniente amarillo. 

Abajo, pasan pueblos con campanas que lloran, 
eras de donde sube \m seco olor á trigo, 
y mujeres lozanas, y niños de colores, 
que rasgan el instante con momentáneos gritos... 



42 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Está el destino lejos? 

...Todo esto que huye, 
vive quieto, contento y firme en su destino ; 
y la noche le trae sus moradas frescuras 
plenas de rutilantes luceros intranquilos... 



MELANCOLÍA 



43 



XIII 



Un indolente hastío de pálidas nostalgias 

hada blando y lánguido mi corazón sangriento... 

era como una rosa que se fuera mustiando, 

de no sé qué septiembres, en el cansado pecho... 

Las torres imprevistas de tranquilas ciudades 
surgían, sobre rocas, en un llano, entre huertos, 
y prados malvas, con idílicos rebaños, 
nos daban, al pasar, su suave sentimiento... 



44 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Una nota de pájaro que no se oiría más... 
un enredo de sol entre verdores frescos... 
y horizontes azules, y horizontes violetas, 
que tendrían detrás el amor y el misterio... 

Toda la tarde de primavera caía 
en el anhelo estéril de los pobres recuerdos, 
como una promesa que no se iba á cumplir 
ó como la verdad imposible de un cuento... 



MELANCOLÍA 



45 



XIV 

Arcachón. 

Bajo el bronce sombrío del jardín, que, al crepúsculo, 
prendía sus verdores de rosas suntuosas, 
las niñas se reían, con sus vestidos leves, 
con sus ojazos negros, tras la cerca musgosa. 

Todo se recogía, sin sol ; allá en lo alto, 
las nubes opulentas hablaban de la gloria... 
entre el murmullo blando de los pinos, se oía 
el sollozo apagado y malva de las olas... 



46 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Mudos, nos alejábamos... Sonaban, como plata, 
las risas, en la calma fragante de la hora... 
El camino era estrecho y frondoso... 

Las niñas 

se quedaban atrás... con el mar... con las rosas... 



MELANCOLÍA 



47 



XV 

Niebla. 

El hormigón romano de la ciudad antigua 
corta sobre el ocaso dramático sus torres; 
alguna luz distante se alarga en el cristal 
del río rojo, que culebrea entre alcores... 

De una pradera obscura, donde ima fuente blanca 
surte de sus ruinas, llega un olor insomne, 
un tintineo agudo de esquila, la visión 
de ima moza de cántaro, ya esfumada en la noche... 



48 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Estampas de otros días mi corazón remueve 
— una edad media de abigarrados colores — 
y parece que pasan sobre el sangrar del cielo 
bosques de lanzas negras y morados pendones... 



MELANCOLÍA 



49 



XVI 



Brisa. El tren para. En la estación recién regada, 
como una rosa inmensa se va alzando la tarde; 
en la bruma vibrante del poniente amarillo 
tristes cristalerías soñolientas se abren. 

El paraje es romántico, lírico, inesperado, 
campanas nunca oídas endulzan el instante... 
quisiera el corazón, como un niño indolente, 
quedarse... aunque se fuera... 

4 



5o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Pero el tren, sordo, parte. 

...Y se pasa muy cerca de casas, de jardines, 
de un río verde con sombras horizontales... 
...A una vuelta, un momento, y por última vez! 
surgen, como entre sueños, torres de oro y de encaje... 



MELANCOLÍA 



5i 



XVII 



Tarde andaluza. 



jMarieosas de luto, nevadas, amarillas, 

se van al cielo; el sol se oxida entre la sombra 

del humo; un rio que nunca se ha de volver 

á ver, huye á una música vespertina de frondas.. 



Alondras de otros pueblos cantan en los trigales, 
su sangre transparente mecen las amapolas, 
y, la hierba en los belfos, lentas vacas pintadas 
•vuelven hacia nosotros sus testas melancólicas... 



52 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Qué regueros rosados, violetas, azulados, 
de flores, en las verdes praderas pantanosas ! 
coronitas de humo celeste y blando velan 
un instante las flores... El tren silba... Una noria... 

De pronto, es un gritar fugaz y cristalino... 
y mujeres morenas — ^^oh visión blanca, roja, 
amarilla! — nos dicen, con sus brazos desnudos, 
adiós! llenos de risa los ojos y las bocas... 



MELANCOLÍA 53 



XVIII 



Entre nubes dramáticas, surge, sucia, la aurora 
« — el naciente? el poniente? — Los confusos molinos, 
cerrados, espectrales, giran inútilmente 
al viento melancólico del sur entristecido... 

Valles fantasmagóricos, de una vaga dulzura, 
tienen, entre la niebla, rebaños indecisos... 
la tosca silueta del pastor, sobre un rojo 
cristal de cielo, corta su negrura de idilio... 



54 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Pardos pueblos de piedra... cementerios de yeso, 
opacos, sin verdores, — oh, sin rosas, sin nidos ! 
...un sol difícil, que descubre, poco á poco, 
campos desiertos de barbechos amarillos... 



MELANCOLÍA 55 



XIX 



El tren me zarandea ruidoso y brusco... Malva 

es el vago paisaje del crepúsculo fresco; 

el oro rosa de los coches alumbrados 

se tiende, tenuemente, por los campos verdejos... 

Vamos hacia una noche nublada y sin sentido, 
que se coronará de mojados luceros; 
ciudades ignoradas nos darán algo suyo : 
un reloj encendido, un río, un puente viejo... 



56 



JUAN R. JIMÉNEZ 



La villa queda atrás, en el ocaso cárdeno, 
llena de un amarillo é intranquilo hormigueo, 
dura como el amor desengañado, roja 
como mi corazón romántico y sangriento... 



EL ALMA ENCENDIDA 



PENSANDO 

MARTHE LALANNE 



I 



El sol divino me engalana las heridas 
con orillas de luces, de esencias, de colores... 
qué, sino el corazón abierto, da á las vidas 
estas embriagueces de ensangrentadas flores? 

Es como si la sangre corriera dulcemente, 
cual un arroyo tibio, por no sé qué pradera... 
la ilusión es el cielo; el corazón, la fuente; 
el dolor mitigado, la blanda primavera. 



62 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y todo se ennoblece con un oro de gloria 
que se derrama, inagotable é infinito... 
como la luz me ciega, no veo, de mi historia, 
má» que un blancor de páginas, ilusorio y bendito... 



MELANCOLÍA 



63 



II 

La viudita, la viudita, 
la viudita se quiere casar,,. 

Canción de niños. 

Por la tarde, mi triste fantasía, doblada 
sobre el cristal, escucha los cantos de los niños, 
los cantos de los niños, que nunca dicen nada, 
que son rondas de flores, música de cariños... 

Música de cariños que llora con mi alma; 
que destila en mi vida como Cándidas mieles, 
hasta que la adormece en una suave calma, 
abierta, igual que el alba, á no sé qué verjeles... 



64 



JUAN R. JIMÉNEZ 



A no sé qué verjeles... Y hay ojos que me miran, 
y brazos que me mecen con un ritmo insondable... 
las estrellas me hablan, los lirios me suspiran... 
r una luz infinita inflama lo inefable... 



MELANCOLÍA 65 



III 



El florido rosal decora el mausoleo 
con lánguidas guirnaldas de rosas sepulcrales... 
se dijera un fantástico renacer del deseo, 
una nostalgia de esplendores ideales... 

Frente, el ocaso inmenso, regio de mariposas 
transparentes, se abre en un delirio de oro 
y pone sobre el lírico anhelar de las rosas 
la maravilla errante de su irreal tesoro. 

5 



66 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Adiós! ...Un adiós lento, eterno, inextinguible, 
flota en la palpitante angustia del ambiente... 
parece que se va á realizar lo imposible, 
que va á hablar, con su voz nunca oída, el poniente ! 



MELANCOLÍA 



67 



IV 



Estas violetas mustias... Oh qué olor tan lejano! 
^es un olor que viene de otro mundo, en el viento? 
ó es que el olor, mujer, les llega por tu mano, 
desde tu corazón, jardín de sentimiento? 

Quedó, tal vez, su aroma, entre las negligencias 
vagas y melodiosas de un aire distraído? 
es música fragante de ensueños y de ausencias 
de un parque verde y triste del reino del olvido? 



68 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Huelen á versos viejos, á tardes de amor puro, 
á corazón de niña, á los primeros llantos, 
á aquel abril de plata que el dolor puso obscuro, 
...encantos sonrientes que fueron desencantos! 



MELANCOLÍA 



69 



V 



Lo mismo que ese sol rosa que se levanta 
y mustia, al irse, el campo, mi corazón caído 
alza al cénit su resplandor que llora y canta, 
y me deja en la sombra, triste, desvanecido! 

¡ Oh paraíso mágico, en donde todo el oro 
supremo se hace eterno con la fuga del día! 
...es como un gran silencio legionario y sonoro 
que arrastra por el cielo su larga fantasía! 



70 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y el paj arillo solo, que pone en la alta rama 
tina gota de miel de su pecho elocuente, 
recoge en su ojo triste la fugitiva llama 
que se va, — no sé adonde — , camino del poniente ! 



MELANCOLÍA 7I 



VI 



Dulcemente, la luna corona el dia triste 
en un torneo pálido de amor y gentileza... 
lo ideal baja al cielo... mi corazón se viste 
con un manto de raso morado la tristeza. 

Paz áurea de la regia luna de otoño, sobre 
mis cristales, mojados de un rocío sedeño! 
luz de mujer eterna, que engalanas lo pobre 
con encajes de luz, de ilusión y de ensueño! 



72 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Pena inefable, dulce cual la melancolía 
del loco amor que me colmó de joyas bellas, 
aquellas tardes largas de lluvia y poesía, 
con instantes de luna y risiones de estrellas! 



MELANCOLÍA ^'i 



VII 



El agua umbría corre cerca de nuestra alma ; 
pasa un frescor de rosas de arroyo y zarza; el viento 
conmueve las estrellas, y trae á nuestra calma 
un perfume de prados de amor y sentimiento... 

Todavía en la luna yerran claras del día, 
y en la colina, negra sobre el cielo alumbrado, 
una cabra, entre flores, pone la melodía 
de un dulce tintineo, doliente y prolongado... 



74 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Amor adolescente ! Aún el alma está tierna, 
como la flor de almendro, como la mejorana, 
y en el placer presente se prepara esa eterna 
campiña de dolor que ha de tornar mañana ! 



MELANCOLÍA 



73 



VIII 



Sobre la opacidad blanca de vuestro tul, 
florecen de colores los lívidos cristales, 
balcones al ocaso, cuando la tarde azul 
se va enfriando, lentamente, entre rosales ! 

En vuestra claridad de limpios tornasoles 
hay fiestas sensuales de ciudades marchitas, 
motivos de mil fiebres sin fin, aguas de soles 
muertos, nostalgia inmensa de cosas infinitas! 



76 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Dulce derramamiento, que curas nuestra herida 
con bálsamo ilusorio de mentiras de encanto, 
crepúsculo ! qué flores remueves en la vida 
para cargar asi nuestros ojos de llanto? 



MELANCOLÍA 77 



IX 



LrfUZ de la estancia, ya vences la tarde triste 
con tu decoración de fiebre y pesadilla... 
en el alma, cerrados ya los ojos, insiste 
tu vago aniversario, oh ventana amarilla! 

Pesado es el recuerdo, como un negro nublado, 
la humedad tiene una nostalgia indefinible... 
y no queda otra cosa, bajo -el cielo cargado, 
que un sueño de letargo y un hedor de imposible... 



78 JUAN R. JIMÉNEZ 

...El otoño es moderno. Vienen las horas frías 
y los recogimientos largos en uno mismo... 
entre las hojas secas ruedan las fantasías 
y se van las figuras claras del paganismo... 



MELANCOLÍA 



79 



X 



La tarde melancólica de estío va cayendo... 
toda la casa huele, mustiamente, á mimosas... 
en las penumbras suaves se van desvaneciendo 
secretos de inefables memorias melodiosas... 

Por las paredes hay rosales desvaidos 
frente á la claridad altiva del poniente... 
estallan no sé qué sollozos contenidos... 
...amores olvidados retornan de repente... 



8o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Una nostalgia cálida de lo que vive lejos 
destila en la frescura lágrimas de terneza, 
y, al mirarnos los ojos en los vagos espejos, 
ctros ojos inmensos nos miran con tristeza. 



MELANCOLÍA 



8l 



XI 



Las auras vagas del corazón adelantan 
el olor de las suaves auras de primavera... 
por el cielo del alma tiernos pájaros cantan, 
en el sueño se ríe la estación venidera... 

Una ilusión fragante, sensual, indefinible, 
viene de no sé dónde, entre claras sonrisas... 
octubre era una frente de tristeza indecible, 
febrero es una espalda que se aleja entre brisas... 



82 



JUAN R. JIMÉNEZ 



En las últimas horas el sol divino esplende 
una visión fantástica, de nostalgia y de flores, 
y, á la luz rosa que los endulza y los prende, 
parece que los árboles se cubren de verdores... 



MELANCOLÍA 



83 



XII 



Crisantemos de hueso, volveréis nuevamente 
á mojar vuestras flores tras los fríos cristales, 
y la luna de octubre, en la niebla indolente, 
encenderá sus húmedas guirnaldas fimerales... 

Otoño... Noches frías, sin amor, con la ausencia 
de todo lo fragante, lo enhiesto, lo sonoro, 
que decoráis la mustia sombra de mi dolencia 
con el ornato pálido de vuestra angustia de oro ! 



84 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Mi corazón está muerto? La pesadilla 
es mi vida?... O vendrán al corazón caído 
horas en que esta pena mojada y amarilla 
sea como un ensueño borroso y sin sentido? 



MELANCOLÍA 8S 



XIII 



El jardín seco, sueña; tristes pájaros cantan 
entre el azul brumoso de las enredaderas... 
A tu visión, jardín, mis muertos se levantan 
en un trastorno de dolientes primaveras. 

Niebla, hoja seca, pájaro! hermanos de esta vida 
que cortará, una tarde de otoño, el viento frío; 
con vuestro lujo pálido engalanad mi herida! 
velad de encaje y música mi corazón vacío ! 



86 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Decidme que el dolor es bello, que no es nada 
que Divide locamente la mujer que uno quiere; 
que es dulce, igual que una violeta mojada, 
esta melancolía de poeta que se muere... 



MELANCOLÍA 



87 



XIV 

Un no rompido sueño... 

Fray Luis de León. 

O H ! que torna el encanto fugitivo <lel_sueñp^. 
cual la resurrección de una luz apagada... 
brilla ...ríe... va á ser verdad... mas, vano empeño 
de la ilusión que anhela seguir siempre dorada ! 

Los sueños que se fueron no vuelven... Quién convoca 
esos jardines idos, de rosas y laureles, 
que dejan hueca el alma, y en la marchita boca 
un amargor profuso de inacabables hieles? 



88 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Amanecer maldito, que me arrancas la estrella 
de la mano! Ah! un sueño jamás interrumpido, 
que engañe al corazón, ya que la verdad bella 
nunca lo ha de envolver con su manto encendido! 



voz VELADA 



A 

PEDRO GARCIA MORALES 

MÚSICO Y POETA 

QUE HA RECOGIDO EN EL ARCO DE SU VIOLÍN 
ALONDRAS MIAS DE PRIMAVERA 



Kent: Ñor are those empty-hearted, whose low sounds 
Reverh no hollowness. 



Shakespeare. 



I 



Oh paz del corazón, en estos dulces ratos 
en que sueñan las fuentes y en que cantan las hojas; 
cuando el destino deja que mi pena sin orden 
huya, por un instante, del lado de la sombra... 

Instante que sería toda la vida, si 
la alucinación no apresara las horas; 
...una vida tan bella, tan serena, tan pura, 
llena de tu armonía, bondad, y de tus rosas ! 



96 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Oh paz del corazón ! — oh cielo azul ! oh vida ! — 
...el amor hablaría con su divina boca 
y en el aire tranquilo de la casa con sol 
volarían dos alas de blancura y de aroma! 



MELANCOLÍA 



97 



II 



M I vida es cual un roce de sedas que cantaran 
como pájaros tristes de pálidos colores... 
cuando sale la luna, los pájaros se duermen 
y sólo queda la memoria de las voces. 

Una memoria desteñida y deshojada 
lo mismo que una de esas estampas interiores, 
que tienen frondas malvas en sonrosados cielos 
y ríos amarillos y nubes tornasoles... 

7 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Mi vida canta igual que un parque que ha callado, 
sin pájaros, entre el encanto de la noche... 
Los cantos se callaron ? — Los cantos no se callan ! 
Se van... y vuelven, con cadencias de ilusiones. 

Y hay ojos que los siguen, como si fueran pájaros 
de música, de bruma de música, de flores 
de música, que suben al cielo, que retornan, 
que llegan á las manos, pero que no se cogen... 

...Cuando sale la luna, los pájaros se duermen 
y sólo queda la memoria de las voces... 
una memoria desteñida y deshojada 
lo mismo que una de esas estampas interiores... 



MELANCOLÍA 



99 



III 



Estas aguas violetas del crepúsculo anegan, 
como entre bendiciones, los pensamientos malos; 
oleadas de lágrimas ahogan los rencores, 
y nos hacemos puros y nos hacemos blancos... 

A nuestras playas solas llegan, entre sollozos, 
restos descoloridos de todos los naufragios, 
las mareas nostálgicas del recuerdo nos traen 
sonrisas y miradas de países lejanos... 



100 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Cómo se ablandan todas las espinas ! ah ! cómo 
los besos más fragantes se vienen á los labios ! 
...en la sombra, diriase que manos de otras veces 
buscan, ávidamente, nuestras caídas manos... 

Los muertos se aparecen... Y las frentes se pueblan 
de propósitos buenos, de sentimientos candidos, 
mientras la luna llena, cual un arcángel rosa, 
inunda nuestra paz de músicas y cánticos... 



MELANCOLÍA 



lOI 



IV 



Un sol débil, reflejado en otro balcón, 
turba, pálidamente, la sombra de mi estancia... 
sol que viene de oriente estando en el ocaso, 
que, en la tarde, me trae matinales nostalgias ! 

Tiembla igual que si fuese un agua de oro viejo, 
y da al libro amarillo una lumbre romántica 
que evoca cementerios por donde se pasean 
tristes poetas con levitas entalladas... 



102 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Habla de sauces verdes sobre tranquilas tumbas^ 
de amores que idealiza el tiempo y la distancia, 
ojos apasionados que ya son de ceniza, 
labios frescos, hoy tierra con hierba solitaria... 

Y parece que el corazón es como un bálsamo, 
que inunda todo el cuerpo, que hace la carne alma^ 
doode el amarillor del sol fúnebre cae 
cual un llorar antiguo de desoladas lágrimas... 



MELANCOLÍA 



I03 



V 



No me tienta la gloria. Sólo una vida en paz, 
rica de los tesoros del amor y la lira, 
en una estancia dulce, solitaria, serena, 
llena de libros bellos, con flores, encendida ! 

Estancia adonde, á veces, la amistad se llegara, 
á llamar á la puerta con mano noble y limpia, 
retiro adonde, á veces, se asomara el amor 
con la mirada extraviada y conmovida... 



104 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Que el lujo y el rumor se queden para otros... 
á mí me basta con mi fe en las armonías, 
en una estancia plácida, alejada, callada, 
lleaa de libros bellos, con flores, encendida ? 



MELANCOLÍA 



I05 



VI 

...y hoja á hoja, 
las cimas de los árboles despoja. 
Fray Luis de León. 

O TOÑO. Los entierros van siendo más temprano; 
á las cuatro, á las cinco, los campos van quedando 
sin sol; en la hoja última de un árbol sonrosado 
canta elegías dulces un verdón solitario... 

Los versos ! Ya las horas de ensueño y de contagio 
son más cortas; la sombra sube blanda de llanto; 
y los ojos se ponen más grandes, y las manos 
más frías, y más malvas los silenciosos labios... 



io6 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Hastío... La palabra se muere de cansancio; 
hay músicas y gritos alegres y lejanos 
de los que ven la vida lógica, sin obstáculos, 
azul, clara, igual en otoño que en verano... 

Y se caen las hojas del alma... Y pasa un bando 
de pájaros que huyen hacia el sol de otros campos... 
y hay que cerrar las puertas... y es vehemtente el ocaso., 
y el jardín está seco... pequeño... y olvidado... 



MELANCOLÍA 



107 



VII 



A veces, estos brillos de los muebles obscuros 
qué tristes son ! La tarde cae, lluviosa y vaga, 
y yerran los recuerdos, con vuelo de cristal, 
por la penumbra de la estancia solitaria. 

Las alfombras arrollan y duermen el ruido; 
allá en los corredores se oyen voces cansadas 
con el contagio del momento misterioso... 
...alguna gota hiere las vidrieras de plata... 



io8 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Sueña el Ángelus lento de todas las aldeas 
en la frente febril, llena de flores y alas, 
...y se escuchan muy cerca bocas que están muy lejos, 
y se siente en el rostro otro rostro con lágrimas... 



MELANCOLÍA 



icg 



VIII 

...l(is tejas 
llovidas, 
...con flores... 

Juan R. Jiménez. 

El alma de las flores divaga entre la lluvia... 
¡oh flores amarillas de los tejados! flores 
que embalsamáis de un dulce perfume penetrante 
y nauseabundo el tedio de mi vida sin orden ! 

Olor como una voz virgen que lastimara... 
idilio de otros tiempos, leyenda de colores 
tristes, con casas pobres en bosques solitarios, 
con grandes ojos bellos, celestes y precoces... 



I 10 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Qué olor y qué dolor de flores amarillas 
que tienen el encanto de las cosas de entonces ! 
...Y duele el corazón nostálgico, lo mismo 
que si lo traspasaran las amarillas flores... 



MELANCOLÍA 



IX 



Salut, derniers heaiix jonrs! le deuil de la nature 
Convient á la douleur et plait á mes regarás. 

Lamartine. 



lo también quiero ser de oro, cual la hoja 
mustia, como la fuente vieja, igual que el ocaso... 
que el otoño me adorne de su melancolía 
con guirnaldas de un oro decadente y fantástico ! 

De oro, como las amarillas mariposas 
que yerran por los verdes espectrales del campo, 
como los prados tristes de largas sombras, cual las 
lagunas quietas, tibias de un solitario encanto... 




I \ 2 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Esos parques que se deshojan largamente 
entre el vaho irisado y errante de sus lagos, 
que cuelgan hiedras clásicas en estatuas recónditas, 
que esconden entre hierba transparente sus bancos... 

Otoño ! tarde clara de otoño ! inflámame 
en tu sol infinito, de otros mundos ! Que el llanto 
dore un rodar melódico de lágrimas caídas 
sobre el limo de sangre del corazón romántico! 



MELANCOLÍA 



Il3 



X 



Removiendo memorias dulces, sin esperanza, 
como esas novias mudas, que releen las cartas 
de un Don Juan que se fué, paso mi pobre vida, 
indolente, tras una florida celosía... 

Cada instante de sol, cada hora de lluvia, 
me evocan un momento de dicha... de amargura! 
porque lo bello que no vuelve es triste, más 
triste que lo que siempre fué ausencia y orfandad... 

7 



114 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Domingo por la tarde en un pueblo olvidado: 
esa es mi fe, mi gloria y mi amor... Desengaños 
barridos por el viento que serena el crepúsculo... 
montañas de ilusión que me ocultan el mundo.,. 



MELANCOLÍA 



Il5 



XI 



En un nido de sol rosa y oro los pájaros, 
á la tarde, ya fría, de otoño, están gorjeando... 
cada vez el sol es más brumoso y más pálido... 
cada vez van cantando los pájaros más bajo... 

Qué frío el de la muerte presentida ! qué amargo 
frío, contra el que es inútil todo el llanto ! 
...el corazón se encoje, como un niño, temblando... 
las hojas secas caen... todo está solitario... 



ii6 



JUAN R. JIMÉNEZ 



l Ah los pétalos o-ro y rosa, que el sol mágico 
por los tejados con verdín va deshojando ! 
Los pájaros palpitan... Mi corazón, un pájaro 
que presiente la muerte, los mira, el triste... 

Cuando 

se apaga el sol, en dónde se esconden?... Aun el árbol 
tiene uno... Y el sol?... De pronto, ya no hay pájaros... 
Dónde mueren? Es que hacen un nido en el ocaso? 
Es que pueden huir de la muerte, cantando? 



MELANCOLÍA 



117 



XII 



Las gotas azuladas de la lluvia deshacen, 
en el cristal, las formas dolientes del paisaje, 
y lo enjoyan de luna y lo alejan de tedio 
con una veladura de desidia y de ensueño... 

Va cayendo la tarde, llena de la nostalgia 
del amor que, allá lejos, romántico, me aguarda; 
la hora es trastornada, equivoca y difusa, 
con cosas de mi vida y cosas de la suya... 



ii8 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y cosas de la suya!... A veces, una brisa 
tenue y fresca, me trae una nota perdida 
de su voz, y las rosas mojadas de mi parque 
huelen á la tibieza sensual de su carne... 

Vendrá la noche fria, y lo romperá todo... 
este instante de paz, plateado y mdo dioso, 
perderá su contagio... y sonarán las voces... 
y brillarán las luces... y seré duro... y pobre.. 



MELANCOLÍA 



119 



XIII 



•••<5uRGiR^ todos los días, limpio, como el crepúsculo, 

de la amarga aspereza del dia solitario... 
vencer las negras dudas con una luz de rosa, 
hacerse, cada hora, más noble y más lejano... 

Diluirse en una vaga idealidad celeste, 
en donde apunten claras estrellas de topacio... 
no ser como los otros... desprenderse de todo... 
esperar á la muerte soñando y suspirando... 



I20 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Que el corazón se ponga transparente y abierto 
como la cristalina ilusión del ocaso... 
un ocaso divino, que persista en la noche 
de las melancolías y de los desengaños... 



MELANCOLÍA 



121 



XIV 

Sans avirons, 
noiis errons 
au vague, sur le lac enchanté du Silence. 

A. Samain. 

Frente al jardín morado de la tarde de otoño, 
la estancia es como un nido de paz y sentimiento; 
entra por los cristales una esencia infinita 
y dentro de las frentes se iluminan los sueños. 

Los ojos dulces tienen estampas de crepúsculo, 
vagas sombras se alejan allá por los espejos, 
en el ocaso fijo &e agudiza la luz 
como el adiós sin fin de un despedirse eterno... 



122 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Antiguos parques se abren momentáneamente 
en una confusión de llantos y de besos, 
hay fuentes que sollozan malvas de rosas mustias 
y desesperacitoes de olvidos sin consuelo. 

Hervor fragante y frío de matices marchitos ! 
— acarician el alma manos de raso lento, — 
yerran miradas locas y risas extinguidas 
y explosiones sin nombre de dolores secretos. 

> Esos silencios hondos llenos de tantas voces ! 
El corazón herido navega en el misterio, 
dejando en la penumbra una estela de sangre, 
mientras que los colores se van desvaneciendo... 



MELANCOLÍA 123 



XV 



C^uÉ cosa tan alada, tan suave, tan divina, 
la tarde de septiembre á las cinco, á las seis... 
huele á tierra mojada con sol, á nardos últimos,, 
á cipreses, á amor, á agua rosa y corriente... 

Por el camino claro, tras la verja cerrada, 
pasa un rumor florido de dulces cascabeles; 
á la sombra de un sauce, medita un mármol roto, 
hay huellas de una aligera sandalia sobre el césped...- 



124 



JUAN R. JIMÉNEZ 



como una nostalgia de mujer, en la brisa, 
— ojos apasionados, blandos brazos dolientes — ; 
y cabelleras de oro llenan de luz romántica 
el corazón que no sabe de qué se muere... 



MELANCOLIA 123 



XVI 



Otra vez has venido, otoño, á entristecerme 
con la blandura azul de tu norte encantado ! 
suaves alternativas de fresco y sol, doradas 
brisas, evocaciones de parajes románticos ! 

Los nichos están tibios; en su sol fino y dulce 
cantan, plácidamente, los amorosos pájaros, 
flotan, en los cipreses, vagas irisaciones 
de los inmensos amarillos del ocaso... 



120 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Vuelve de nuevo al alma el recuerdo doliente 
de las tumbas de los poetas, y el geranio 
abre en el corazón tristes ascuas de sangre, 
sordas de las abejas rubias del camposanto... 

A las cinco, se cierran los cristales... Es limpio, 
como un raso incoloro, el cielo despintado, 
y hay largas nubes rojas, que el aire frío fija, 
detrás de los musgosos y viejos campanarios... 



MELANCOLIA I 2: 



XVII 



NIás lejos que la gloria, que la fe, que el amor, 
que la belleza... siempre otra cosa más lejos..- 
guirnalda que abre todas sus flores hacia allá, 
volviendo su áureo cáliz al pecho del deseo... 

Algo que siempre empieza en donde fina todo, 
que, sin saberse cómo, es para nuestro sueño 
cual un sueño sin forma... y con todas las formas... 
rojo si todo es blanco, débil si todo es férreo... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Música que no acaba jamás de tener sones, 
boca que no ha de hablar, ojo(S claros y ciegos, 
corazón que es lo mismo que un abril que no viene^ 
que, entre rosas en germen, tiene esbozos de besos ! 

Y las manos no llegan... y las frentes no ven, 
abiertas á la luz viva de estos incendios... 
y la voz es lo mismo, para el desvio obscuro, 
que la voz de un mendigo ahito... ; ay ! y hambriento... 



MELANCOLÍA 



129 



XVIII 



^^UÉ dulzura, en las tardes del otoño, estas cartas 
verdes, grises ó malvas, entre las cartas blancas ! 
estas cartas que tienen una vaga fragancia 
de mujeres que eran verdes, grises ó malvas... 

Nos llenan de recuerdos y de pena, nos hablan 
con finas bocas mustias, nos miran tras pestañas 
negras, de aurora, de oro, de luna; nos embriagan 
con carnes infinitas que fueron todas de alma. 

Q 



i3o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Por las paredes lívidas el sol mece sus aguas 
iincoiloirias. . . y el sueño ae carga de nostalgias: 
jardines de otros días, crepusculares playas, 
prados en flor, y nubes redondas é inflamadas... 

El sol se va... En la triste penumbra de la estancia 
laten plácidamente las olvidadas cartas, 
y ise puebla el ambiente de lejanas palabras, 
dejos de luz, de angustia, de besóos y de lágrimas... 



MELANCOLÍA 



l3l 



XIX 



Ese sol oro y malva de las últimas horas, 
soñando en las paredes ideales del cuarto... 
la brisa limpia y suave, que mece en el balcón 
las hojas encendidas de algún rojo geranio... 

Los libros, verdes, negros, azules, en un limbo 
de luz sierena, plenos de amor y de contagio,., 
el rumor, allá lejos, de la hirviente ciudad 
resonando en la suntuosidad del ocaso ! 



l32 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y el imprevisto amor que llega sonriente 
y quedo, en un instante luminoso y romántico... 
la soledad divina que se colma de oro... 
el silencio inefable que se puebla de cánticos... 



MELANCOLÍA 



i33 



XX 



La tarde iba jugando con colores suaves, 
por distraer la pena y el tedio de mi vida; 
sobre el campo incoloro del fondo del ocaso 
abrió y cerró cien flores de luz y de armonía... 

Qué rosa! se encendió, se hizo triste, cayó 
en el río, lo mismo que una frente marchita... 
después fué un malva lento, mate, que recordaba 
no sé qué melancólica boca descolorida... 



i34 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Un suspiro? Era un oro que pensaba, doliente, 
en algo que no se ve nunca... Una sonrisa? 
Era como los labios de no sé quién, que, en sueños, 
una tarde, no sé ya dónde, sonreían... 

Unos ojos azules? Los ojos se cerraron... 
Una mano? La mano, dulce, se despedía... 
No quedó más que un vago cristal, como un desierto, 
sin nada, y lleno de promesas infinitas ! 



TERCETOS MELANCÓLICOS 



A 

LUISA 

VIDA DE i&lS SUEÑOS, GALA DE MI AMOR, 
POR UN RAMO DE ROSAS QUE LLEVÓ EN MI NOMBRE — Y EN BL SUYO — 
Á LA TUMBA DE AMIEL, EN EL «OASIS» DE CLARENS 



I 



Desamor. 

Primera ingratitud... Me lo cuenta el piano 
que, en la tarde de lluvia y flores, sollozando, 
mece mi alma triste en su vagar romántico... 



¿Para qué, para qué, si habías de matarme, 
me hablaste de aquel modo?... La pregunta insondable,, 
desnuda, trastornada, se arrastra por el parque... 



140 



JUAN R. JIMÉNEZ 



La candida sonata revuela entre las rosas 
—¡y me falta tu carta! — y las divinas notas 
me dicen melancólicamente: llora, llora... 

...Lloro. Pienso en el raso celeste de tus ojos, 
en tus brazos, tan suaves, tan blandos, tan mimosos, 
levemente morenos de luna malva... Lloro 

porque aquella dulzura que en mi vida ponías 
se va á romper, como una nota, desvanecida, 
vana, como una flor liviana de glicina... 

Me lo cuenta el piano... Y el corazón me salta, 
y la frente abatida se me carga de lágrimas, 
...y la hora se aleja, vacía, muda y pálida... 

¿Para qué, para qué, si habías de matarme, 
me hablaste de aquel modo?... La pregunta insondable, 
desnuda, trastornada, se arrastra por el parque... 



MELANCOLÍA 



II 



Ya, al volver, da la luna de oro en los vallados... 
un aliento de flores con luna invade el campo... 
el corazón se pone melodioso y romántico... 

La copla de amor ya tiene un sentido trágico : 
en el mirar de los. ojos apasionados 
el sueño de la vida flota, inmenso y nostálgico... 



142 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Nos encomtramos manos kntais en nuestras manos... 
nos encontramos pechos que rozan nuestros brazos... 
nos encontramos labios mudos en nuestros labios... 



MELANCOLÍA 



III 

Lluvia imprevista. 

En la tarde de abril, llueve una nube rosa, 

entre rasos azules de buen tiempo; ya la hora 

se va alargando... el Ángelus sueña en la torre roja... 

El agua huele á primavera melancólica; 
las lilas son de escarcha; lo desnudo retorna; 
tiene la brisa giros de Atenas y de Roma... 



144 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Lluvia pagana; lluvia de tarde suntuosa, 
con un ocaso eterno ! 

Ya es más bella la sombra 
y las noches están como ornadas de aurora... 



MELANCOLIA 



IV 



Por el camino del cementerio, besándonos, 
en la tarde de mayo, ya caída, tornamos... 
tras la verja, se ven los nichos, sonrosados... 

Nichos de enamorados muertos, que se besaron 
por esta misma senda, cuando, pasados mayos, 
cargaban las acacias las flores y los pájaros... 

10 



]46 JUAN R. JIMÉNEZ 

Flota una esencia cálida de pechos sepultados; 
el ramo de la acacia y el gorjeo del pájaro 
son como el renacer de un amor subterráneo... 

Y nuestro corazón, dejado y visionario, 
se anega, largamente, en un llanto romántico 
como si el porvenir hubiese ya pasado... 



MELANCOLÍA 



'47 



V 

Junio. 

En los pueblos, se ven más claras las estrellas.,. 

No hay el brillar erótico de carnes y de sedas 

que enjoyan de cambiantes esas Dianas eléctricas... 

La sombra de las plazas huele á acacia; azulean 
tristes guirnaldas en la torre de la iglesia... 
las aceras son verdes, como vagas riberas... 



148 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Todo, abajo, es confuso: el dolor, la belleza, 
el amor! 

Silencioso, el corazón navega, 
cual un niño fantástico, por la luna desierta ... 



MELANCOLÍA 



149 



VI 

Elegía. 

En una proyección doliente y visionaria, 

desde un sin fin de ensueño, el sol poniente manda 

no sé qué sucesiones de estampas incendiadas. 



Todo lo que está siempre más allá, viene para 
un más acá que casi se pierde en la nostalgia... 
¡ Y qué tristeza flota en la historia fantástica ! 



i5o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Campos de tarde, con sus huertas alegradas 
por la noria y el pájaro, por la rosa y el aura... 
cementerios de oro con mariposas candidas... 

pozos de valle, secos bajo higueras soleadas... 
verdines amarillos... casas di'mpias y blancas, 
en calles solitarias que se abren á otras áureas 
claridades de ocaso... 

vísperas de campanas 
andaluzas... y trenes que, torvamente, pasan 
entre un leve estupor de florecillas malvas... 

mujeres en la fuente... encendidas murallas 
de Niebla... ríos sesgos con sombras alargadas 
de fresnos y de chopos que cantan y que cantan... 

No se sabe en qué cosas se ha derramado el alma... 
y se muerde la risa y se saltan las lágrimas.-. 
¡Y qué tristeza flota en la historia fantástica! 



MELANCOLÍA 



l5l 



VII 

Naciente de luna. 

Verde iluminación ahoga el cielo estrellado; 
las hierbas altas se recortan; surge el astro 
y se derrama, blandamente, por el campo... 

Frente al naciente, los vallados están blancos; 
la madreselva deja vagar su olor balsámico; 
una mujer y un hombre se ocultan á mi paso... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Sueña el río, en el valle, un tembloroso vaho: 
negra, una cabra muerde las guirnaldas de un árbol, 
sobre la enorme luz del plenilunio bárbaro... 



MELA^XOLÍA 



l53 



VIII 

Patética. 

M ORIA la sonata y las rosas olían... 

La tarde era de lluvia... La primavera se iba 

desnuda, con la carne violeta estremecida... 

Declinaba la hora moría la sonata, 
y las rosas olían, empapadas de agua... 
*por la ventana abierta, mojado, el aire entraba... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Yo fui palideciendo con las últimas notas... 
Un deseo inefable de perderme en las rosas, 
de morir, embriagaba mi alma melancólica... 

Y cuando se extinguieron los llantos del piano, 
caí, como una hoja marchita, entre sus brazos, 
casi sin vida, herido, de niebla, sollozando ! 

— ...Qué tienes! — su voz bella, apaga'd)a, me dijo., 
— Tengo... qué sé yo... nada... el corazón partido... 
y he visto lo infinito... y he visto lo infinito! 



MELANCOLÍA 



l55 



IX 



Abajo^ el oro es rojo; arriba, el oro es claro; 
abajo, son ensueños medioevales, románticos; 
arriba, son anhelos aéreos y clásicos. 

El cielo es todo azul, el rostro todo blanco; 
los colores componen la vida; sólo es bálsamo 
la melodía triste de la luz en los labios... 



i56 



JUAN R. JIMÉNEZ 



i Oh, á esta hora, los góticos y florecidos claustros, 
el Partenón, el Nilo, las casas de Utamaro, 
— la mujer nunca vista, el arte solitario... ! — 



MELANCOLÍA 



i57 



X 



Anochecido, grandes nubes ahogan el pueblo; 

los faroles están tristes y soñolientos, 

y la luna amarilla camina, entre agua y viento^ 

Viene un olor á campo mojado. Algún lucero 
surge, verdoso, tras un campanario viejo... 
El coche de las siete pasa... Ladran los perros... 



i58 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Al salir al camino, se siente el rostro lleno 
de luna fría... Sobre el blanco cementerio, 
en la colina, lloran los grandes pinos negros... 



MELANCOLÍA 



XI 



Sobre las arboledas en sombra de aquí abajo, 
los altos muros sueñan, rojamente dorados, 
en el cielo celeste, de cristal y de raso. 

Es la hora serena y divina en que flotan, 
entre guirnaldas líricas, estampas melancólicas, 
ricas de los colores de las cosas remotas... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Praderas de cien campos vibran ante los ojos, 
hay torres fantasmales, hay ríos ilusorios, 
ciudades encantadas, en torrentes de oro... 

— ...Se arrastra el -corazón, fatigoso, lo mismo 
que un niño abandonado que, en medio del camino,- 
se echara á sollozar, por no poder seguirlo... — 

El oro rojo va tornándose rosado... 
el cielo está violeta... un viento fresco y manso 
recorre vagamente los árboles fantásticos... 



MELANCOLÍA 



XII 



Entre los grandes troncos se ve el ocaso de agua; 
bajas nubes viajeras — malvas, azules, granas, — 
hacen temblar, soñando, las colinas mojadas... 

Un viento largo limpia los colores... Las charcas 
del camino son frías — granas, azules, malvas, — 
los árboles se doblan hacia la noche mala... 

1 1 



l62 



JUAN R. JIMÉNEZ 



En derredor de la casa cerrada, nada... 
el prado, verde y solo... la puerta, negra y vana... 
un pájaro entra y salle por la ventana trágica... 



MELANCOLÍA 



l63 



XIII 

Interior de otoño. 

O H sol de última hora ! oh claridad de cobre 
en las tapicerías de los viejos salones... ! 
Silencio... Torna un extinguido olor á flores... 

Luz que, á veces, de pronto, como un limbo, recoge 
en sí un encanto único, — un seno fresco y joven, — 
claro por la penumbra de los blandos rincones... 



164 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Todo se torna joya... El pezón es más noble, 
más leve, más purpúreo — \ altivos bermellones ! — 
entre la opacidad de los otros colores... 

Elegía, nostalgia, romanticismo... Sones 
de una música de oro antiguo, que casi se oye... 
pétalos de un ocaso mustio de irisaciones... 



MELANCOLÍA 



l65 



XIV 



Oh^ qué tristes son estos regresos, de los campos 
á la ciudad! Los cuerpos van rotos de cansancio, 
,..y todos los ruidos suenan en el ocaso. 

Se siente más cercana la miseria; es más agrio 
el dolor... y hace frío... y todos nos miramos 
— sin saber qué decirnos — con ojos agrandados. 



i66 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Lo negro, lo amarillo, lo rojo... Y humo, y vaho... 
se aparecen los rostros tristes que abofeteamos... 
...quisiéramos besar lo que hemos despreciado... 



^fELANCOLÍA 



167 



XV 



M E recuerda este libro con sol — ; qué tontería ! — 

cabellos desatados y tardes de Sevilla, 

y jardines de infancia y ponientes con islas... 

Es cual esa nostalgia fragante y amarilla 
que se entra por el fondo de sombra de mi vida 
y la rinde de amor, y la enciende, y la irisa... 



i68 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...Abre oomo una tarde embriag^adbra y lírica, 
como una de esas tardes de agua y de ceniza 
que el sol inflama, vagamente, en su agonía... 



MELANCOLÍA 



XVI 

Apartamiento primaveral. 

...Palabras de amistad vendrían, desde lejos, 
á adornar la ternura de un marzo oliente y fresco, 
entre la soledad del amor y los versos. 

La clara voz de seda y de oro de la amada 
cristalearía por la casa solitaria, 
como una dulce música familiar y romántica. 



170 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y los pájaros chillarían en las lilas 
mojadas, y el jardín grande gotearía 
sobre los bancos, sobre las violetas tardías... 

— Un cielo blanco y malva, con una luz difusa... 
un sol vidrioso, de primavera de lluvia... 
la resonancia, por el jardín, de la música... — 

Sí, la paz, esa paz que no tienen los hombres 
que, en las locas ciudades, luchan, palpitan, corren 
detrás de las absurdas trompetas del renombre... 

Oh ! nada falso, nada sonoro y nada hueco, 
sólo lo espiritual, sólo lo verdadero, 
entre la soledad del amor y los versos... 



HOY 



A 

DOMINGO BARNÉS 

QUE EN HORAS FRIAS DS HOMBRES PROSAICOS, FUE BÁCULO 
DE MI ESPÍRITU DESVALIDO 



I 



C^uÉ humos ! qué silbidos tan tristes ! La mañana 
es cruda, y está llena de nostalgia y de hastio ; 
el paisaje de invierno se ve por la ventana 
en un encogimiento de miseria y de frío. 

Hay cosas que se van — ¡ quizás á lo soñado ! — 
hay posibiHdades de un venir que se espera; 
el alma tiene hambre, la muerte vela á un lado, 
...más tarde ó más temprano será la primavera! 



1-6 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Momentos angustiosos ! Amanecer de viento ! 
Qué cansancio, qué lágrimas, qué incontinencia loca,, 
qué sombras... mientras el terrible pensamiento 
rueda debajo de la voluntad de roca! 



MELANCOLÍA 



177 



II 



El placer! el placer! Sí, sí... Ya he conocido 
su olor, dulce por fuera, venenoso en lo hondo, 
y los derrumbamientos del pudor, y el descuido 
de la costumbre, fea como un agua con fondo... 

Los ojos puros que envilecen sus cristales, 
los brazos que se olvidan de ser rechazadores, 
el naufragio de las estrellas ideales 
en un limo marchito, agrio de sucias flores... 

12 



178 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Ay ! nada más... Ei fin de lo que no tenía 
fin! el recuerdo triste de toda la blancura... 
y rostros que nos miran con una angustia fria, 
llena de pena, de reproche y de locura... 



MELANCOLÍA 



179 



III 



Cabalgatas de penas desfilan por mi vida 
como nubes dramáticas de un ocaso de invierno; 
sombría está de ellas mi alma, desvanecida 
y medrosa, lo mismo que un crepúsculo eterno! 

Jardín triste, no tengo más amor que una calma 
perfimiada de espinas y llorada de fuentes... 
la carne... ¡oh rosas! no me queda más que el alma! 
lo demás lo arrastraron los vientos indigentes! 



iSo 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Ilusión que, en las tardes dulces de primavera, 
viviste entre las frondas encantadas de oro ! 
...se cayeron las hojas, se perdió la quimera; 
cuatro tapias humildes eran todo el tesoro... 



MELANCOLÍA 



l8l 



IV 



Ya no tengo paisaje delante de mis ojos; 
el hogar es lo mismo que un calabozo impuro; 
sólo veo, entre andrajos anegados y rojos, 
los jardines que la humedad abre en el muro. 

Del amor no me queda más que el sucio apetito, 
en un rincón sin luz, sin tonos, sin fragancia; 
el pan de cada día me lo como maldito ; 
como un cerco de piedra me oprime la distancia... 



l82 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Yo no sé si esta vida sin mudanza es la vida, 
yo no sé si es mejor ó peor que la muerte... 
...mas sé que el sol interno que me dora la herida, 
de oro fino que era, me hace de hierro fuerte ! 



MELANCOLÍA 



i83 



V 



Dice la vida: vive! y me cierra el camino... 
un ansia delirante de eternidad me inflama... 
pero, detrás de mi, siento reir al destino 
y su boca de burla sopla sobre mi llama. 

Noblemente, me vuelvo hacia sus osadias, 
y, con mirada triste, desengañada y pura, 
le recrimino, le amenazo... Vienen días 
de engaños de color y farsas de dulzura... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Ah ! no pueden durar ! Hago flores con lodo, 
sabiendo que me engaño !-— Cómo huir de mí mismo ? — 
Cae el telón del sueño, y se desploma todo 
en un burdo, grotesco y vano cataclismo ! 



MELANCOLÍA 



l85 



VI 

Amanecer en el pueblo. 

La fantasmagoría del ensueño se ha hecho 
cotidiana; el buen día ha ordenado lo raro... 
sólo queda, de tanta visión, un blanco lecho 
en donde el sol derrama su rayo humiilde y claro. 

Hay que olvidarlo todo! El alma no es la dueña 
de la ilusión florida que le abre lo invisible... 
el verdugo se duerme, y el alma, libre, sueña, 
se despierta la carne... y al cielo lo imposible! 



i86 



JUAN R. JIMÉNEZ 



De cal eran los regios tapices de la estancia, 
rumor villano y agrio fué el lírico alborozo, 
triste olor diario y seco la divina fragancia, 
la miandolina dulce el carrillo del pozo... 



MELANCOLÍA 



187 



Vil 



Oh nostalgia constante de las cosas mejores f 
catedrales de ensueño sobre humildes ruinas ! 
...vivir entre eriales, soñando con las flores! 
mujerzuelas... en vez de mujeres divinas! 

Triste palabrería que embota y que marea, 
perros y polvo, una interjección, un grito, 
...un grito acanallado, que le quita á la idea 
su ocaso abierto, embelesado é infinito! 



i88 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y el corazón sin mancha, de cristal, áe armonía, 
defendiendo su carne coma una virgen pura... 
y el silencio... que llena el papel de poesía 
con una sangre lenta de tedio y de amargura ! 



MELANCOLÍA 



VIII 



La tarde hace más grande mi dolor, más obscuro..» 
Como un fantasma, se adelanta el remordimiento, 
y, con dedos de sombra, escribe sobre el muro 
un "Mane, Thecel, Phares" inminente y sangriento. 

Con el llanto que brota mi corazón, habría 
para colmar un mundo de miseria y de escoria; 
las nubes pasan negras, y me ponen umbría 
la ilusión, frío el sueño, y medrosa la gloria... 



igo 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Oh, qué mano pudiera desbaratar lo hecho, 
clavar en cada espina una hoja de rosa, 
poner la tarde en paz, y convertir el pecho 
en una estrella grande, serena y luminosa! 



MELANCOLÍA 



IQI 



IX 

...Donf la robe par ses irous 
Laisse voir la pauvreté 

Et la beauté... 
Baudelaire. 

Otra vez la esperanza! Como un cielo nublado 
de abril, tiene mi alma bruscas alternativas 
de sol y llanto... Antes, ¿quién hubiese apostado 
por mí una flor? Ahora, todo es alas vivas 
y puras ! 

Ah ! mi vida ! Lo mismo que una diosa 
mendiga, por sus rotos andrajos muestra el cielo! 
...en un jardín de invierno era una tierna rosa... 
fué la aurora, entre nubes dramáticas de duelo... 



192 



JUAN R. JIMÉNEZ 



No sé qué hacer, ni adonde, — ni cómo! ni por dónde !- 
salir... Soy cual un ciego de deslumbrantes ojos... 
llamo á lo eterno — lo sé bien — y me responde... 
mas la senda está oculta entre peligros rojos! 



MELANCOLÍA igS 



X 



Cárcel sombría, hecha de todos mis instintos! 
cielo azul, infinito, que ya no me bendices! 
mujer, jardín carnal de tristes laberintos, 
que ensangrientas el sol de las tardes felices ! 

En la isla desierta de mi altivo destierro, 
qué abismo de obsesiones y de supersticiones! 
— ...parece el horizonte un cinturón de hierro... 
me cansa hasta el encanto de mis propias canciones... — 

i3 



194 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Cristales de negrura dan á la fantasía 
la salud derrotada y la fortuna adversa... 
...Mas... de pronto... en un trono de paz y de armonía, 
aparece la lira, y todo lo dispersa ! 



MELANCOLÍA IqS 



XI 



De qué nos sirve andar detrás de la belleza! 
la belleza se queda en la paz de que huímos; 
poco vale la angustia; absurda es la tristeza 
que quiere conseguir aquello que perdimos. 

Pues qué? la pena de oro del sol en... qué ruinas? 
las Alhambras de púrpura frente á la nueva aurora, 
no son las mismas cosas eternas y divinas 
que las del abandono en donde el tedio llora? 



196 JUAN R. JIMÉNEZ 



La hora augusta se va con su sandalia alada 
y es inútil seguir su hermosura entrevista, 
siempre ha de hundirse en los abismos de la nada 
la maravilla ignota que nunca ha de ser vista ! 



MELANCOLÍA 



197 



XII 



Todo lo que parece sin fin, duda y termina... 
e! anhelo quisiera prolongar lo finito, 
y se excede á sí propio, y sobre lo que fina 
alza la cumbre de oro de otro falso infinito... 

No! La ilusión acaba... Sólo las envolturas 
hacen soñar en formas hondas y prodigiosas... 
se desnuda la idea: las magias más obscuras 
surgen en una estéril convexidad de rosas... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y pretende el cansancio renovarse á sí mismo, 
mas cae, ¡ el triste !, hastiado, desordenado, inerte. . 
al alejarse, torna á tentarle el abismo... 
...á un lado, se sonríe — también hueca! — la muerte. 



MELANCOLÍA 



199 



XIII 



Todo cielo es el mismo; cada arboleda verde 
mece idéntica música sobre cada ribera; 
ni una gota de sangre del corazón se pierde, 
las flores son iguales en cada primavera... 

De qué es entonces, alma, el ansia de ideales 
lejanos que consume tus pensativas horas? 
esa vida que ves detrás de tus cristales 
no es la vida que ríes y la vida que lloras? 



200 



JUAN R. JIMÉNEZ 



No ansies más ocasos, más nortes. Guarda y cuida 
tu corazón eterno entre sus rosas bellas; 
en la noche sin nombre de tu ensueño, tu vida 
tendrá una diadema de inmortales estrellas ! 



TENEBR^ 



A 

FILOMENA VENTURA 

QUE, EN SU OPULENCIA MORENA T TRISTE, ME EVOCA 
LA «MELANCOLÍA» DB ARNOLD BÓCELIN 



I 



No es la melancolía dulce, de tardes malvas 
en jardines ducales, plateados é históricos, 
que clava inmensamente sus grandes ojos claros 
en el naciente de la bella luna de oro... 

Es la melancolía ardiente y sensual 
que anida en una trágica llamarada de encono, 
la pasión sin cansancio de una mujer morena, 
con grandes ojos fúnebres frente á un ocaso rojo... 



206 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Se han hecho de metal las finas hojas verdes... 
el agua tiene sangre... hay un sollozo sordo 
en el viento de estío... bajos pájaros negros 
vuelan sobre la presa de un ensueño de odio... 



MELANCOLÍA 



207 



II 



Absurdo y teatral, el jardín se ha sumido 
en el dolor profuso y frío de la noche; 
las apariencias caminaron hacia ocaso 
y se perdieron, entre luctuosos nubarrones. 

Un momento, pasaron legiones silenciosas... 
hizo el poniente mares y montañas y torres... 
...el viento largo, aullando, se llevó tanta farsa, 
alzó un montón de sombra con las apoteosis... 



208 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Y el sol? Nada. Ni oro, ni sangre, ni ceniza... 
Y el amor de la tarde? Se fué yo no sé adonde... 
De todo tu pasado, oh, jardín!, sólo queda 
una memoria vaga de pájaros y flores... 



MELANCOLÍA 



209 



III 

C'était Vheure oü Vessaim des revés malfaisants 
Tord sur leurs oreillers les bruns adolescents... 

Baudelaire. 

Entre las nubes rotas del oriente, la aurora 
enciende vagos tonos sucios y soñolientos... 
suena un Ángelus duro... y las campanas negras, 
por el frío y la sombra, hacen señal de muerto... 

Unos irán por mar... Otros en tren... Yo estoy 
en el revuelto lecho, desvelado y sediento... 
...las madres pensarán en los hijos ausentes... 
las viudas torcerán sus inútiles sexos... 



2IO 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Frío y fiebre... Qué tedio arrollado y difícil, 
éste de la dolencia, la aurora y el invierno ! 
oh, qué entrada de sol claudicante y vendado 
sobre las fantasías y los presentimientos! 



MELANCOLÍA 



211 



IV 



Sol blanco de crepúsculos de tormenta, sol blanco, 
que abres en los muros grandes y tristes lagos 
de la luz asombrada y aguada de un ocaso 
sin ciudades de oro, sin jardines fantásticos! 

Sol que recuerdas mares de otros países, campos 
de enero, estepas lívidas, espejos sin estaño 
—que, de pronto, se quedan sin estampas — extáticos 
ojois de ciego, sin miradas y sin párpados! 



212 



JUAN R. JIMÉNEZ 



No me gustas, no, sol. Mi corazón nostálgico 
declina entre las músicas de los ponientes áureos 
donde enclavan las proas sus inflamados barcos 
hacia las islas claras de ilusión y de encanto. 

Sol blanco de crepúsculos de tormenta, sol blanco^, 
que pones en mi alm.a grandes y tristes lagos 
de una luz asombrada y aguada, de un ocaso 
sin joyantes imperios, sin castillos románticos ! 



MELANCOLÍA 



2l3 



V 



S OBRE nubes redondas y moradas, las torres 
sueñan, en la ilusión de un sudoeste abierto... 
hay tristes vaguedades de jardines de otoño 
entre las confusiones de la tierra y el cielo. 

La ciudad, bajo el húmedo temblor de las estrellas 
del crepúsculo, aguza sus quejas y sus fuegos... 
un cristal amarillo, lejano y dulce, dice 
la soledad con fe de algún hogar sereno... 



214 



JUAN R. JIMÉNEZ 



En la sombra apartada, como una rosa negra 
encendida por dentro, el negro pensamiento 
es un hervor dorado de poemas sin sentido 
que, á un grito, á un silbar súbito, se van desvaneciendo. 



MELANCOLÍA 



2l5 



VI 



Estas horas obscuras, sin fe, con viento, tienen 
algo de fosa... Yerran no sé qué rondas húmedas 
y los que, entre la sombra, se acercan en silencio, 
semejan personajes de un teatro de ultratumba... 

Fuera, contra los últimos resplandores de ocaso, 
se recortan los muros ; y las frondas profusas 
redondean monstruosas pesadillas de luto 
sobre los espejeos de la reciente lluvia... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Se llegan... — Sois amigos? Estáis vivos? Sois almas? 
...la distancia parece la muerte... Y es absurda 
la vida, cual si fuese una vaga memoria 
...á la que no quisiéramos que nos volvieran nunca... 



MELANCOLÍA 



217 



VII 

Retrato sensual. 

Blanca, cruda, celeste, la blanda carne fría 
tiembla, orlada del fúnebre y torvo terciopelo ; 
los lirios ya no sirven; doloridos, pisados, 
yacen sobre las losas de mármol blanco y negro. 

Tiene la frente mate un peso de otras cosas 
acariciadas en las orgias del sueño; 
los ojos extraviados buscan, por los jardines 
de otoño la silueta del amor caballero... 



2l8 



JUAN R. JIMÉNEZ 



— Se han nutrido los brazos de azucenas sin nombre, 
rasos nuevos ondearon el partido cabello, 
ardió, obscena de ansia, la viva rosa negra, 
triste de olor malsano, del olvidado sexo... — 

Nada puede enfriar la ola enhiesta y cálida 
que el corazón levanta, bajo un ardiente viento... 
las manos hallan vagas formas incitadoras, 
la boca se entreabre, y se erigen los senos... 



MELANCOLÍA 



219 



VIII 



Remueve el viento las cenizas de. la tarde, 

y el paisaje se pierde como en sueños y en lágrimas; 

ya no hay árboles verdes, el rio ya no brilla, 

las estrellas se han roto, la luna está apagada... 

Oh, qué amargo crepúsculo éste que al corazón 
le da, como á una tumba, una pesada tapa 
de duelo y de miseria, dura como el invierno, 
fría y doliente como la ausencia y la nostalgia... 



220 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Brilla una luz de hogar... Mas no sabrán en él 
lo que es el amor loco, lo que es la vida mala... 
Dentro del alma están las penas inmutables... 
Fuera, la indiferencia, lo que huye y lo que cambia... 



MELANCOLÍA 



22 I 



IX 

...Quién dirá que la carhoneritay 
quién dirá que la del carbón... 
Canción de niños. 

Fuentes de los paseos, bajo las ramas rígidas 
de los árboles viejos, cuando muere la tarde! 
...un noto obscuro riza el agua pordiosera 
y le quita, temblando, el doliente paisaje. 

Cantan los niños sin saber que todo es triste, 
y en la lóbrega hora de improbabilidades, 
va al azar, cual el viento, cual la hoja caída, 
el que no tiene hogar, ni fortuna, ni amante... 



222 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Entre las nubes bajas, se desnuda y se vela 
una Venus de oro ; hay caminos que salen 
al sur, al norte, al este, al oeste; que no 
te llevarán, poeta mudo, á ninguna parte ! 

Vuelves sobre ti mismo como un giro de insomnio, 
en tu frente hay crepúsculos de lejanas ciudades... 
pero la tierra es dura y el corazón más débil 
que esas voces ingenuas de partidos cristales... 



MELANCOLÍA 



223 



X 

Qué tarde tan rara hace! 
Un enfermo. 

Lluvia cerrada para el fin de un triste sueño 
comenzado entre sol! hora vacia y baja, 
con las obligaciones sobre las pesadumbres, 
con el miedo á una muerte positiva y cercana ! 

Frío en toda la carne... dolorosa fijeza 
de un mal de última hora en la quieta mirada ! 
...sillón eterno tras la ventana con calle! 
...este cansancio del que nunca se descansa! 



224 



JUAN R. JIMÉNEZ 



...El cartero que pasa... sin nada... esas mujeres... 
y la boca violeta y las manos hinchadas ! 
un temblor para todo lo que diga que si... 
Si supierais, amigos, lo que son tardes raras ! 



MELANCOLÍA 



2l5 



XI 



TToDO lo ha abierto la pasión... Trágicas formas 
huyen, hacia el poniente, en un viento funesto, 
y por la arena seca se van á un mar de sangre 
grandes lirios caídos de rotos vasos negros... 

La carne, deshojada, pálida, sin sentido, 
yace dolientemente, clavando sus anhelos 
en un ocaso verde y rojo, en donde arde 
la opulencia en ruinas de sensuales imperios... 



226 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Habrá una aurora. Y ha de ser blanca y de oro ! 
Pero el abismo no sabrá de sus gorjeos... 
y mientras el sol brille en los almendros castos, 
él tendrá un sueño malo de harapos y de cuervos... 



MELANCOLÍA 



227 



XII 

Yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba 
desierto.., para mí! 

Becquer. 

El enorme crepúsculo de cobre y de carmín 
inflama la ciudad... Qué hago yo aquí... perdido? 
...Soy, entre tantos hombres, como un niño en los bosques... 
me dan horror los árboles... y me estremezco... y chillo... 

Y mi chillar se pierde como en un parpadeo 
de estrellas de diamante, que temblaran de frío... 
informes masas negras ocultan torvamente 
«el reguero de pan que dejé en el camino... 



228 



JUAN R. JIMÉNEZ 



No sé hacia dónde ir... Tengo pena... Estoy solo... 
Quisiera que se fueran... que no dieran más gritos... 
que se fueran del todo... que no volvieran nunca... 
que... mi madre la muerte... me encontrara... dormido.... 



MELANCOLÍA 



229 



XIII 



Todo se pone malo... 

La enfermedad, la lluvia, 
el amanecer frío... — Qué difícil es todo! — 
...Echado sobre el lecho, febril, veo, entre llamas, 
la triste aparición de un vago libro de oro... 

Me rodean los sueños más claros, más divinos, 
jardines inmortales maravillan mis ojos... 
pero el telón absurdo de la indolencia, borra 
para siempre, de un golpe, los fondos deleitosos... 



23o 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Oh, la obra concluida! Poder pensar... en qué? 
Que la muerte, el invierno, el luto, el mal, el odio, 
hundan la vida en un torbellino de sombra... 
pero que tenga versos perfectos y gloriosos... 

Que ya esté el mundo hecho ! Que no nos falte nada ! 
Que lia fiebre consuma im vivir sin retomo, 
...un vivir que no sea más que im dkilce vivir 
puesto al fin inefable de un vago libro de oro... 



MELANCOLÍA 



23l 



XIV 

...et des femmes en deuil passent á Vhorizon. 

A. Samain. 

ujEREs negras se recortan torvamente 
sobre el poniente grana, como apagados leños... 
en la memoria hay un sueño de blancuras 
con sol, de antiguos días celestes y serenos... 

El corazón no tiene una sola celinda 
de aquellas aromadas y frescas de otros tiempos; 
de cada espina pende una gota de sangre, 
las lágrimas usurpan el nido de los besos... 



232 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Esta fué la pasión... El ocaso se hunde 
en una noche lóbrega, sin luna y sin luceros, 
y, allá sobre la vida, cárdena ya y sin llamas, 
queda una larga sangre llena de brazos negros... 



MELANXOLÍA 



233 



XV 



Todo el ocaso es amarillo limón; 

el cénit cerrado, bajo las nubes mudas, 
bandadas negras de pájaros melancólicos 
rayan, constantes, el falso cielo de lluvia. 

Por el jardín, sombrío de los plúmbeos nimbos, 
las rosas tienen una morada veladura, 
y el crepúsculo vago, que cambia las verdades, 
pone en todo, al rozarlo, pálidas gasas húmedas... 



JUAN R. JIMÉNEZ 



Lívido, deslumbrado del amarillo, torvo 
del plomo, en mis oídos, como una mosca, zumba 
una ronda monótona que yo no sé de dónde 
viene... que tiene lágrimas... que dice : nunca... nunca..,. 



FIN 



ÍNDICE 



ÍNDICE 



PÁGS. 



Dedicatoria á la Melancolía 9 

EN TREN 

I El tren arranca, lentamente... El pueblo viejo... 19 

II La tormenta está encima. Qué tarde ! Se ha perdido. 21 

III Brumoso, en elegante languidez, se copiaba 23 

IV Negros paisajes fríos, en la noche de invierno.. 25 

V Oh qué FRESaOR, QUÉ música DE CHOPOS de ESTACIQÍÍ.. 2/ 

VI Los MUROS DE LA VIEJA CIUDAD TIENEN UN VAGO... 29 

VII Cuando- EL tren para, en el jadeante silencio... 31 

VIII Mientras ella, divina de rubor, entre el leve... 33 

IX En un poniente suntuoso el trueno zumba 35 

X Para el tren. Fresco. Bajo las acacias sombrías. 37 

Xí El techo del vagón tiene un albor — de dónde? — . 39 

XII El crepúsculo. Agosto. Sobre los campos gualdos. 41 

XIII Un indolente hastío de pálidas nostalgias 43 

XIV Bajo el bronce sombrío del jardín, que, al crepúsculo 45 
XV El hormigón romano de la ciudad antigua...... 47 

XVI Brisa. El tren pára. En la estación recién regada 49 

XVII Mariposas de luto, nevadas, amarillas 51 

XVIII Entre nubes dramáticas, surge, sucia, la aurora.. 53 

XIX El tren me zarandea ruidoso y brusco... Malva... 55 



238 



ÍNDICE 



EL ALMA ENCENDIDA 

PÁGS. 



I El sol divino me engalana las heridas 6i 

II Por la tarde, mi triste fantasía, doblada 63 

III El florido rosal decora el mausoleo 65 

IV Estas violetas mustias... Oh qué olor tan lejano !. 67 

V Lo mismo que ese sol rosa que se levanta 69 

VI Dulcemente, la luna corona el día triste 71 

VII El agua umbría corre cerca de nuestra alma. . . 73 

VÍII Sobre la opacidad blanca de vuestro tul 75 

IX Luz de la estancia, ya vences la tarde triste. . 77 
X La tarde melancólica de estío va cayendo 79 

XI Las auras vagas del corazón adelantan 81 

XII Crisantemos de hueso, volveréis nuevamente. . . 83 

XIII El jardín seco, sueña; tristes pájaros cantan... 85 

XIV Oh! que torna el encanto fugitivo del sueño.... 87 

LA VOZ VELADA 

I Oh paz del corazón, en estos dulces ratos 95 

II Mi vida es cual un roce de sedas que cantaran. . . 97 

líl Estas aguas violetas del crepúsculo anegan 99 

IV Un sol débil, reflejado en otro balcón loi 

V No ME TIENTA LA GLORIA. SÓLO UNA VIDA EN PAZ IO3 

VI Otoño. Los entierros van siendo más temprano.. 105 

VII A veces, estos brillos de los muebles obscuros.. 107 

VIII El alma de las flores divaga entre la lluvia. ... 109 

IX Yo también quiero ser de oro, cual la hoja III 

X Removiendo memorias dulces, sin esperanza 113 

XI En un nido de sol rosa y oro los pájaros 115 

XII Las gotas azuladas de la lluvia deshacen 117 

XIII ...Surgir, todos los días, LIMPIO, COMO EL crepúsculo 119 

XIV Frente al jardín morado de la tarde de otoño. . . 121 

XV Qué cosa tan alada, tan suave, tan divina 123 

XVI Otra vez has venido, otoño, á entristecerme... 125 



ÍNDICE 



PÁGS. 



XVII MÁS LEJOS QUE LA GLORIA, QUE LA FE, QUE EL AMOR. . 127 

XVIII Qué dulzura, en las tardes del otoño, estas cartas 129 

XíX Ese sol oro y malva de las últimas horas 131 

XX La tarde iba jugando con colores suaves 133 

TERCETOS MELANCÓLICOS 

y 

I Primera ingratitud... Me lo cuenta el piano... 13Q 

II Ya, al volver, da la luna de oro en los vallados. 141 

IIÍ En la tarde de abril, llueve una nube rosa 143 

IV Por el camino del cementerio, besándonos 145 

V En los pueblos, se ven más claras las estrellas. 147 

VI En una proyección doliente y visionaria....... 149 

VII Verde iluminación ahoga el cielo estrellado... 151 
VIH Moría la sonata y las rosas olían 153 

IX Abajo, el oro es rojo; arriba, el oro es claro 155 

X Anochecido, grandes nubes ahogan el pueblo. ... 157 

XI Sobre las arboledas en sombra de aquí abajo.... 159 

XII Entre los grandes troncos se ve el ocaso de agua 161 

XIII Oh sol de última hora! oh claridad de cobre.. 163 

XIV Oh, qué tristes son estos regresos, de los campos. 165 
XV Me recuerda este libro con sol — ¡ qué tontería! — . 167 

XVI ...Palabras de amistad vendrían, desde lejos.... 169 

HOY 

I Qué humos! qué silbidos tan tristes! La mañana. 175 

11 El placer! el placer! Sí, sí... Ya he conocido. 177 

III Cabalgatas de penas desfilan por mi vida 179 

IV Ya no tengo paisaje delante de mis ojos 181 

V Dice la vida: vive! y me cierra el camino 183 

VI La fantasmagoría del ensueño se ha hecho 185 

VII Oh nostalgia constante de las cosas mejores !. . . . 187 

VIII La tarde hace más grande mi dolor, más obscuro. . 189 

IX Otra vez la esperanza! Como un cielo nublado.. 191 



240 



ÍNDICE 



PÁGS. 



X CÁRCEL SOMBRÍA, HECHA DE TODOS MIS INSTINTOS!.. I93 

XI De qué nos sirve andar detrás de la belleza!.. 195 

XII Todo lo que parece sin fin, duda y termina. ... 197 

XIII Todo cielo es el mismo; cada arboleda verde.... 199 

TENEBRM 

I No ES LA melancolía DULCE, DE TARDES MALVAS.... 205 

II Absurdo y teatral, el jardín se ha sumido 207 

III Entre las nubes rotas del oriente, la aurora. . 209- 

IV Sol blanco de crepúsculos de tormenta, sol blanco 211 
V Sobre nubes redondas y moradas, las torres.... 213 

VI Estas horas obscuras, sin fe, con viento, tienen. . 215 

VII Blanca, cruda, celeste, la blanda carne fría 217 

VIII Remueve el viento las cenizas de la tarde 219 

IX Fuentes de los paseos, bajo las ramas rígidas. . . . 221 

X Lluvia cerrada para el fin de un triste sueño.. 223 
XI Todo lo ha abierto la pasión... Trágicas formas. . 225 

XII El enorme crepúsculo de cobre y de carmín 227 

XIII Todo se pone malo 229 

XIV Mujeres negras se recortan torvamente 231 

XV Todo el ocaso es amarillo limón 233 



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